viernes, 26 de febrero de 2010

LOS TIEMPOS Y LA PRODUCTIVIDAD

La forma en la que utilizamos el tiempo en nuestra vida cotidiana es determinante para que una persona, una ciudad o un país tenga una productividad equilibrada. Los países del Norte de Europa funcionan con unos tiempos muy diferentes a los nuestros, los europeos del sur. Ello hace que sean más competitivos que nosotros. Pueden producir lo mismo en mucho menos tiempo. Esta obviedad no queremos verla en España y por ello seguimos abriendo el comercio a las 10 de la mañana y cerrándole a las 9 de la noche. ¡¡¡Seguimos perdiendo mucho tiempo y a esto lo llamamos "saber vivir", y no queremos darnos cuenta que esta forma de distribuir los tiempos nos está empobreciendo con una escasa productividad en todos los ámbitos.
Este tema da para escribir miles de páginas, concluiré sugiriendo que cambiemos nuestros hábitos de dormir, de trabajar, de divertirnos para asemejarnos a nuestros vecinos y poder ser un poco más productivos, estaremos ayudando a resolver en parte la actual crisis económica, crisis política y crisis de valores.

sábado, 13 de febrero de 2010

PARLAMENTOS DE FUNCIONARIOS

Poco imaginaba Montesquieu, cuando desarrolló su teoría de la separación de poderes, la complejidad que adquiriría el sector público. En España, la intromisión de la política en la judicatura constituye un hecho habitual. ¿Y qué decir de la supuesta separación entre el poder ejecutivo y el legislativo? Hace unos años, a menudo se escogía como ministros a gente de la sociedad civil, que aportaba su experiencia. Esto también se ha perdido. Los cargos ministeriales son ahora un premio al miembro del partido, a menudo ya parlamentario, que se ha portado bien.
Pero lo que probablemente no pasó nunca por la cabeza de Montesquieu es la retorcida situación a la que hemos ido a parar: y es que los funcionarios han asaltado el poder legislativo. La máquina y quien la dirige son, ahora, la misma cosa. Basta ver la composición de los parlamentos. Congreso de los Diputados: el 72% de los parlamentarios son, en origen, empleados públicos; o la Asamblea de Madrid, donde el número de empleados públicos es del 75%. Incluso la "laboriosa" Cataluña no se escapa: sólo el 32% de sus diputados provienen del sector privado.
Contrasta nuestra situación con la de otros países europeos. En Italia, la Camera dei Deputati sólo tiene un 43% de asalariados públicos. La House of Commons, un 47% o el Scottish Parliament, un 40%. Incluso en la estatalista Francia sólo la mitad de la Assemblée Nationale está formada por empleados públicos.
Pocas leyes útiles para el ciudadano de a pie elaborarán nuestros parlamentarios. Sobre todo, pocas que recorten privilegios de los empleados públicos, ¿no creen? Los partidos han caído en manos de gente que, segura de mantener su lugar de trabajo habitual, hace incursiones en la política para cambiar de aires y proyectar su miopía a todo un país. Una especie de divertimento.
El principal peligro de nuestra democracia es, hoy día, esta distancia entre la realidad y sus parlamentos. Mientras no podamos elegir los diputados por distritos, o nominalmente, tendremos malos políticos. No podremos disfrutar del político de raza que no debe su puesto a nadie más que al contribuyente que lo eligió.
Xavier Roig es autor de La dictadura de la incompetencia (Ed. La Campana). De próxima aparición en castellano (Ed. Gestión 2000).

lunes, 8 de febrero de 2010

SIN FUNCIONARIOS

Si no fuese porque me he percatado que el 80 por ciento de los cargos públicos son funcionarios. Que estos han copado más del 80 por ciento de los escaños del Congreso, Senado y Parlamentos Autonómicos. Que están en todas partes donde actúa la política. Que dirigen las cúpulas de los partidos políticos en España. Que lo hacen por ambición y promoción personal. Que haciendo todo esto se convierten en una casta dentro de la sociedad civil controladora de la vida humana y de sus intereses.... Si no fuese por todo ello... creería en la Función Pública por vocación al servicio del ciudadano.
Han tenido que pasar 55 años de mi vida para darme cuenta de estos hechos, para saber que 3.200.000 funcionarios en España son la causa del importante aumento del déficit público; que mis hijos quieren hacerse funcionarios con el fin de obtener seguridad y trabajo, no con el deseo del servicio al ciudadano.
Por todo ello, y desde mañana mismo, debemos impedir a cualquier funcionario tener ningún cargo público político.